Parana - Mamerto Esquiú

A los 10 años, ingresó al convento como postulante a la vida consagrada. A los 17 ejerció como maestro primario. A los 19 asumió como director de la escuela, mientras continuaba estudios superiores de Filosofía y Teología. A los 22, recibió la consagración sacerdotal. Creciendo en las Ciencias Sagradas participó en la creación del seminario regional, dictando Teología Moral. A los 27 años, el gobierno provincial le confía la reflexión sobre la Constitución Nacional, que se aprobó en Santa Fe en 1853. El 9 de Julio de 1853 predicó su famoso Sermón de la Constitución, en la Catedral de Catamarca, alcanzando trascendencia nacional. En ese discurso, Esquiú dejó asentadas, enseñanzas y una doctrina jurídica y sociológica sólida.
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Con motivo de la sanción de la Constitución Nacional, pronució en la Iglesia Matriz de Catamarca, el 9 de julio de 1853, un sermón que se hizo célebre, el "Sermón de la Constitución". En ese sermón pidió aceptar la nueva Constitución, rogó por la concordia y la unidad de los argentinos, y dejó enseñanzas luminosas para la Patria que iniciaba una nueva etapa de su vida política. Este es el párrafo con el que concluye el sermón:
"Obedeced, señores; sin sumisión no hay ley, sin ley no hay patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente a la República Argentina; y concediéndonos vivir en paz y en orden sobre la tierra, nos dé a todos gozar en el Cielo de la bienaventuranza en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, por quien y para quien viven todas las cosas"
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El 28 de marzo de 1854 pronunció un nuevo sermón con motivo de la asunción de las autoridades nacionales.
Después de este sermón, su fama creció y el 2 de mayo, el gobierno federal lanzó un decreto por el que se disponía la impresión por separado de los dos sermones patrios y su envío en número suficiente al autor y a todas las autoridades civiles y eclesiásticas de la Confederación y se pedía un ejemplar autógrafo de ambos, para ser depositados en el Archivo Nacional.
Por su disertación mereció el título de “Orador de la Constitución”. Fue diputado provincial constituyente en
dos oportunidades, a pesar suyo.

Por 10 años, Esquiú colaboró con la Iglesia de Bolivia como profesor en sus seminarios y catalogando la biblioteca del Convento de Tarija.

que remite al Senado para la elección de arzobispo de Buenos Aires. Elegido para ocupar el primer lugar, se negó a asumir dicha diócesis. En 1878, siendo presidente Nicolás Avellaneda, integró nuevamente la terna remitida al Senado, para la elección de obispo de Córdoba. La sostuvieron con su voto el ex presidente Sarmiento, Aristóbulo del Valle, Dardo Rocha y Emilio Civit.
Aquí, Esquiú no tuvo escapatoria, porque fue el propio Papa León XIII quien le solicitó que asumiera como obispo de Córdoba. En dos años de actividad pastoral dejó una imagen de obispo misionero, sobrio y virtuoso.
El 10 de enero de 1883 a las 15, en la Posta del Suncho campo poblado por cuidadores de cabras y ovejas, -amoldados a aguas saladas y a temperaturas veraniegas, a veces superiores a los 40º-, el obispo Esquiú falleció sorpresivamente mientras regresaba de La Rioja en diligencia.
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